No es un chat externo al que le has dado permiso para preguntar. Es un módulo instalado en tu Odoo: habla con tus datos, con tus reglas y con los mismos permisos que tú tienes al entrar — sin obligarte a abandonar la pantalla en la que estás.
IA en flujo: el chat trabaja encima de tu sesión de trabajo y se esconde igual de fácil, desde el icono de la bandeja. No interrumpe, no cansa, no te saca del registro. Abres, preguntas, cierras — el flujo sigue.
Factura, pedido, empleado… sigues en tu pantalla de trabajo. El ERP no se cierra ni se sustituye.
El panel queda encima. Preguntas por “esto”, “este cliente” o lo que ves debajo: la IA entiende el contexto de pantalla.
Cierras el chat y recuperas tu espacio. La conversación sigue ahí cuando la necesites de nuevo.
En la misma línea que el perfil de host de PAAP: la IA puede cubrir el formulario sin destruir lo que estabas haciendo, y seguir sabiendo de qué registro hablas.
No hace falta explicar el contexto: la IA ve la ficha, el presupuesto o el listado que hay debajo del chat.
“¿Es buen pagador?”
Encima de la ficha: mira vencidos, retrasos y comportamiento — sin exportar ni abrir otra app.
“¿Puedes duplicarlo pero cambiando la cantidad del artículo de 5 a 10 unidades y ajustando el descuento global en un 25%?”
Encima del presupuesto: prepara el plan y espera tu confirmación antes de escribir.
“¿Me sacas un gráfico con la evolución de los últimos 12 meses, comparada con las compras del mismo periodo?”
Pide el gráfico al vuelo; si no lo nombra, saldría una tabla. El listado debajo no hace falta mencionarlo.
Menos “conectar un chatbot” y más “abrir Odoo y preguntar como quien abre un informe”.
Entras en Odoo como siempre. La IA no es otra web ni otra contraseña: está en el mismo sitio donde facturas, cierras o miras stock.
El chat se abre encima de la vista activa y se esconde al momento. Preguntas por lo de debajo; al cerrar, sigues exactamente donde estabas.
Si no puedes ver nómina, la IA tampoco. No hay un “usuario robot” con acceso amplio escondido detrás del chat.
Sabe cómo llamáis a las cosas aquí: qué es un buen cliente, qué cuenta mirar, qué no tocar sin aviso.
Puedes preguntar sin miedo. Cuando haga falta cambiar un registro, lo ves y decides — no “la IA ya lo hizo”.
Añadís contextos y skills cuando el proceso está claro. La IA mejora porque el ERP ya guarda vuestro criterio.
Ranking de clientes, descuadres, pedidos atrasados… sin bajar un Excel ni pegarlo en otro chat.
Estás en un pedido o una factura, abres el chat, preguntas por ese registro y vuelves al icono: tu trabajo sigue debajo.
Propone cambios, muestra el plan y espera el sí. Ideal para quien no quiere “magia” en producción.
Lo que hoy explicáis en un PDF o en la cabeza de alguien, mañana es un contexto que la IA ya aplica.
No le das permiso a un chat para ver tu Odoo. Instalas la IA en tu Odoo — y trabaja con tus datos, tus permisos y tu forma de hacer las cosas.
Dentro del Odoo de tu cliente, en Odoo 14 y 19. Sin sacar contraseñas a un proxy.